martes, 21 de enero de 2014

Llamada

El jueves pasado me fui a la ducha y dejé de mi móvil por ahí, sin hacerle mucho caso, pues casi nunca estoy solicitada. Al volver, me encontré con un varios whatsapp y una llamada perdida de un número que yo no tenía. Intenté devolverle la llamada pero no me lo cogió, así que desistí y pensé que si era importante, ya volverían a llamar. Y efectivamente, volvieron a llamar. Se trataba de una empresa de asesores y abogados para unas posibles prácticas. Perdón, rectifico, para una entrevista para unas posibles prácticas. Pintaban muy bien: horario de 9-2, tardes libres, etc. La pega era que el sitio está bastante lejos de mi casa: Sevilla Este. Pero bueno, no pensé en ello y me he pasado todo el fin de semana nerviosa y soñando despierta (a pesar del examen de inglés que me puso la academia para mañana y al que no hice nada de caso).
Llegó el día de la entrevista, Lunes. Me despierto nerviosa, y lo único que hago es arreglar mi habitación y arreglarme yo. Salgo a las 11, no vaya a ser que llegue muy tarde. Todo bien, voy en el coche, puede decirse que tranquila, cantando, hasta que llega el momento de la incorporación de la SE-30. A la que le tengo un miedo terrible, ya que no soy buena conductora; la carretera es peligrosísima; los conductores, temerarios; y es la primera vez que voy por esa carretera. Y sola. Y nerviosa. Casi me pierdo buscando la salida a Sevilla Este, cosa que pude arreglar bien. Lo contrario que me paso cuando buscaba la calle en concreto para llegar al local, que casi me tuve que recorrer toda la zona (Sí, lo reconozco, me perdí. Bendito GPS del bendito móvil). Llego al sitio, busco aparcamiento. Intento aparcar en un hueco lo bastante grande para mi coche y que está cerquita. Recuerdo que aparco fatal. Me salgo. Y un poco más lejos, encuentro un descampado que está siendo usado como aparcamiento. Perfecto. Además, al estar algo alejado (no mucho) me sirve para darme un paseo y serenarme, que salgo temblando del coche, entre la asquerosa carretera, el haberme perdido y la entrevista.
Llego al local un rato antes, como 15 minutos. Me reciben inmediatamente y comienza la entrevista. Casi no hablo yo, solo la entrevistadora. Y yo que, en ese momento no sé muy bien que hacer, solo acierto a asentir y a soltar algunas palabritas, balbuceos. La cosa pintaba bien, para que mentir. Me ofrecían ventajas que otros no dan, y la chica parecía simpática. Pero claro, entre lo lejos que vivo, y que parecería retrasada al quedarme en blanco. Debo decir que yo creía que habían visto mi CV en la bolsa donde lo colgué y me habían llamado, pero no, estaban haciendo más entrevistas,e inocente e inexperta de mí (es mi segunda entrevista de trabajo) no había caído en la cuenta.
Se acaba la entrevista, en cosa de 10 o 15 minutos. Muy rápido, pienso. Salgo, y al salir sólo puedo pensar que la chica cree que soy retrasada o algo. No sé. Vuelvo a casa. Me vuelvo a perder de camino a casa, aunque llego sana y salva. Le cuento a mi madre como me ha ido, y a todo mi mundo cercano (que es bastante reducido). Me gusta el sitio, me gusta lo que me ofrecen. Lo malo es el lugar y el horario (que al principio sí sería de 9 a 2, pero que después se ampliaría hasta el total de la jornada: de 9 a 2 y de 5 a 8; aunque como vivo lejos, podría empezar antes e irme a las 7. Pero sigue siendo jodidamente malo para mí), que puede que me coincida con el inglés, y no quiero dejarlo. Pienso que dejarlo no sería muy malo, y sigo ilusionada.
Llega la hora de inglés, y me lo paso genial allí. La hora y media de los Lunes y Miércoles es de las pocas cosas que me ha mantenido alegre estos meses monótonos. Lo único que me ha hecho sonreír y quitarme la depresión en mis días más malos. Ya conozco a la gente, ¡hasta he hecho una amiga! Cuando salgo me doy cuenta de que no quiero dejar inglés. No quiero ir todos los días a Sevilla Este, saliendo a las 8 de mi casa y llegando a la 12 horas después. No quiero hacer gastar a mis padres todo ese dinero en gasolina o transporte público, que vendría a ser lo mismo.Y tampoco quiero que todo lo que se han gastado en inglés por mí caiga en saco roto.
Se supone que deberían de haber llamado hoy para dar el sí. Si me hubieran llamado, hubiera pasado 1 mes de prueba, dónde no me pagarían ni la gasolina. Debería haber estado todo el día de hoy nerviosa mirando el teléfono para haber si me llamaban... Y lo he estado, pero con una diferencia. En el fondo, yo no quería que me llamaran. Obviamente, quiero trabajar, pero no quiero renunciar a algo a lo que llevo dedicándole 4 meses (prácticamente medio curso), que se me da bien y me divierte.Gracias a eso, la desilusión de que no me han llamado no ha sido tan mala, y puedo mirar el lado positivo. Y no tengo que conducir cada mañana 40 minutos en una carretera atestada de conductores suicidas. 


lunes, 13 de enero de 2014

Año nuevo, intento de llevar un blog nuevo.

Ya estamos en 2014, y las previsiones que tenía sobre este año hace, de hecho, un año no se han cumplido para nada. Yo tenía la ilusión de encontrar algún trabajillo, pero todos sabemos la situación en la que nos encontramos. Y eso me ha llevado a un momento bajo de ánimos, la verdad. Porque aunque haga muy poco tiempo que terminé mi carrera (el pasado octubre), no me gusta estar sin hacer nada. Siempre he estado ocupada estudiando, y ahora que eso ha acabado, me siento fuera de lugar. 
Buscar trabajo no sirve absolutamente para nada, pues la gran parte de las empresas buscan "jóvenes con experiencia", cosa que me parece una ironía, pues los jóvenes no tenemos experiencia porque no se nos contrata, y quiénes tienen experiencia no son jóvenes. Me imagino la vida dentro de unos años en dónde sólo trabajaran los que sean mayores de 35, pues serán los únicos con experiencia. La búsqueda de trabajo me agobia, si no eres una persona de 10, no te quieren sin experiencia. Joder, que ni para una mísera pasantía gratuita me quieren. Y la verdad que la típica excusa que me da todo el mundo no me consuela para nada: "Es que está todo el mundo así, que se le va a hacer". Pues mira, no me consuela, porque eso me hace ver que no soy para nada especial comparada con otros. ¿Mal de muchos consuelo de tontos? Y una mierda, eso me hace pensar en toda la gente con la que tengo que competir para un mísero sueldo. 
Es entonces cuando reflexiono sobre qué voy a hacer con mi futuro y una idea ronda mi cabeza. La misma idea que casi todo el mundo (mayores de 45 años) me plantea: OPOSICIONES (así, en mayúsculas y negrita, porque hasta la misma palabra da miedo). Mi padre siempre me ha aconsejado que las haga, y yo nunca me lo he planteado realmente. Llevo la mayor parte de mi vida estudiando y no sé si quiero dedicarle mi vida unos años más, pero actualmente creo que es lo único factible que puedo hacer. Eso sí, con un miedo en el cuerpo que no puedo con él, pues he leído que en las oposiciones que me gustan, los que se presentan por 1ª vez y la sacan forman un solo 1% de los presentados. Mucha gente cree en mí, creen que puedo hacerlo, aunque yo no esté del todo segura. Dedicar unas 7 u 8 horas diarias, 5 (y hasta 6) días a la semana a estudiar, es algo muy sacrificado. 
La recompensa es de todo sabida, y sí, muy buena, pero... ¿y todo lo que voy a perderme? Todo el tiempo que estaré encerrada en una habitación con la sola compañía de unos folios. ¿Me merece la pena?
Aún no he tomado una decisión definitiva al respecto, todavía tengo que buscar preparador, temario y hacer algunas compras para lo que me queda, así que mientras sigo pensándolo, me preparado un té y me relajo.